El mundo del turismo de aventura en Chile ha estado históricamente dominado por hombres. Sin embargo, la Asociación Parque Cordillera ha dado un paso significativo hacia la equidad de género, integrando a sus primeras mujeres guardaparques y a más de treinta monitoras ambientales. Esta iniciativa no solo marca un hito en la institución, sino que también sienta un precedente en la industria.
Bajo la gestión de José Pedro Guilisasti, secretario ejecutivo de la Asociación Parque Cordillera, esta organización -compuesta por siete municipalidades de la Región Metropolitana- ha puesto en marcha una estrategia de diversidad y equidad de género. Esto no solo busca incentivar que más mujeres visiten los parques, sino también fomentar su participación activa en roles tradicionalmente masculinos.
En 2023, los diez parques administrados por la Asociación registraron más de 61.600 visitas de mujeres, representando el 48% del total de visitantes. “Queremos seguir incentivando a que más mujeres suban a la cordillera y disfruten de los atributos que nos entrega la naturaleza, que son tan beneficiosos para nuestra salud física y mental”, comentó Guilisasti.
En 2020, Alma Moreno Fett se convirtió en la primera mujer guardaparques de la institución, desempeñándose en el Parque Aguas de Ramón y otros parques vecinos. Su incursión en este mundo fue inesperada: “Yo era secretaria, y la pandemia cambió nuestros trabajos. Me ofrecieron esta gran oportunidad y la tomé con cariño”, recuerda. A sus 50 años, Alma asumió el desafío, demostrando que la edad no es un impedimento para recorrer los senderos y educar sobre el cuidado de la naturaleza.
“Me siento orgullosa de haber sembrado una huella para que más mujeres puedan tomar estos espacios y desarrollarlos con ese sello que nos caracteriza: comunicación, disposición a escuchar y ayudar”, expresó. Su experiencia abrió camino para nuevas generaciones, consolidando un ambiente laboral respetuoso, equitativo y con oportunidades de crecimiento.
Tres años después, Alma dejó su cargo como guardaparques para asumir la coordinación del área de educación ambiental. En su lugar, capacitó a una nueva generación de mujeres guardaparques. Actualmente, Valentina Guzmán Cortés y Alicia Pérez Marcos lideran el equipo femenino de guardaparques.
Valentina, técnica en ecoturismo, siempre tuvo una inclinación por la naturaleza y el turismo. “El que me llevaran a subir montañas en el colegio me motivó a estudiar esto. Siempre me ha interesado el área social”, cuenta. Su rol implica orientar a los visitantes, garantizar la seguridad en los parques y hacer cumplir las normativas ambientales. “En mi primer mes, recibí siete reclamos, uno de ellos porque fui firme al decirles a unas personas que no podían ingresar tarde a una ruta larga. A las mujeres se nos critica si somos claras y firmes, mientras que a los hombres se les acepta más”, reflexiona.
Por su parte, Alicia Pérez, técnico veterinaria y egresada de ingeniería en medio ambiente, comparte esta visión. “Algunas personas llegan al cerro peleando y te dejan reclamos, pero nosotras debemos hacerles entender que las normas son por su seguridad”, señala. Recientemente diagnosticada con TDAH y TEA, Alicia también resalta la importancia de la inteligencia emocional en su trabajo: “Soy sensible, me afecta si me gritan, y no está mal decirlo”. Para ella, la amabilidad y el respeto son esenciales en el trato con los visitantes.
Además del equipo de guardaparques, la Asociación Parque Cordillera ha impulsado la presencia femenina en el rol de monitoras ambientales. Actualmente, 27 de los 42 monitores son mujeres, responsables de realizar visitas guiadas y apoyar el cuidado del entorno natural.
Leandra Molina Contreras, arquitecta y ecoturista, destaca la importancia de la empatía en este trabajo: “Cada vez que subo el cerro, lo hago con el útero, con esa energía femenina que todos tenemos. En los cerros se da un clima de compañerismo; si alguien se queda sin colación, compartimos, porque es importante que estemos bien todos”. Actualmente, embarazada de su primer hijo, Leandra planea continuar sus visitas guiadas hasta que su cuerpo se lo permita.
Lucía Romero Rodríguez, con 50 años y un cargo de jefatura en las Fuerzas Armadas, también se desempeña como monitora y apoyo de guardaparques los fines de semana en el Parque San Carlos de Apoquindo. “Aquí los límites los pones tú”, asegura con convicción. Sin estudios formales en turismo o medioambiente, postuló “de patuda”, confiando en su experiencia y determinación. “Fui nadadora de alto rendimiento y creo que todos somos capaces de todo”, enfatiza.
La incorporación de mujeres en roles clave dentro de la Asociación Parque Cordillera es un testimonio del cambio en la industria del turismo de aventura. Con más de treinta monitoras ambientales y una creciente presencia de guardaparques mujeres, se está redefiniendo un espacio históricamente masculino, ofreciendo modelos a seguir para futuras generaciones.