Entre la presión de la PAES y períodos de postulación, las expectativas familiares y la ansiedad por “no equivocarse”, cada vez más adolescentes enfrentan la elección de carrera como una fuente de estrés. Dos psicólogas infanto-juveniles analizaron los efectos emocionales de este proceso y el rol clave del entorno familiar.
Elegir qué estudiar a los 18 años sigue siendo una de las decisiones más determinantes y exigentes del sistema educativo. En un contexto marcado por la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) y expectación frente a resultados de postulación, la sobreoferta de carreras y universidades, así como una fuerte presión por “no fallar”, muchos adolescentes enfrentan este proceso con altos niveles de ansiedad.
Para las psicólogas infanto-juveniles Rocío González y Paola Soto Salgado, no se trata solo de una elección vocacional, sino de una etapa emocionalmente compleja que requiere acompañamiento y contención.
¿Están preparados los adolescentes para decidir?
Para la psicóloga Rocío González, la capacidad de elegir una carrera dependerá del adolescente. En este contexto, se involucran factores de crianza, temperamento y una personalidad que aún se encuentra en construcción.
“También, influye mucho la generación: las más actuales han tenido muchas dificultades porque tienen poca autonomía y capacidad de autocrítica”, señaló. Para la profesional, cada vez se ven más adolescentes que no cuentan con las herramientas suficientes para decidir sobre su futuro, la cual sigue siendo “una decisión muy temprana de tomar”.
Por su lado, Paola Soto Salgado sostuvo que la elección de carrera en esta etapa de la vida ya es un sistema que está legitimado. La problemática, a su juicio, es que en la actualidad la oferta tanto de carreras como de universidades es múltiple y variada. En ese sentido, “es difícil elegir una carrera en la que te vas a desarrollar por el resto de tu vida, y que esta sea acorde a tus expectativas”.
Además, agregó que el porcentaje de cambio de carrera es alto. En su experiencia clínica, hay muchos adultos que indican que, de tener la posibilidad, habrían escogido otro camino de vida profesional
Ansiedad, presión y consecuencias emocionales
Las consecuencias emocionales a las que los jóvenes se ven enfrentados durante este proceso son múltiples.
Rocío González ha observado numerosos signos y síntomas de ansiedad, irritabilidad y trastornos del sueño en sus pacientes adolescentes que se enfrentan a este escenario. Inclusive, en casos más aislados, también se pueden presentar crisis de angustia. “Empieza a bajar su calidad de vida y, por lo tanto, su bienestar. Esto, debido a la alta presión”, indicó.
“Tanto en la preparación como en los días previos y luego nuevamente al esperar los resultados, es un proceso bien largo que puede resultar bien complejo si no se tiene la contención y apoyo suficiente”, agregó.
La PAES y la presión por rendir
La psicóloga Paola Soto Salgado explicó que, en términos PAES, generalmente la experiencia de estudiantes en colegios de alta competencia, la presión desencadena un estrés permanente.
“Si esto se sostiene en el tiempo, se relaciona de manera significativa con lo que puede ser un trastorno depresivo o ansioso adaptativo”, afirmó.
El rol de la familia: acompañar sin imponer
En este contexto, ambas profesionales hicieron hincapié en la importancia del entorno familiar para un correcto acompañamiento del proceso.
González sostiene que este apoyo no se debe dar solo durante este último periodo de rendición de pruebas y postulación, sino que desde siempre. Esto, con tal de ayudar a sus pupilos a desarrollar capacidades para “enfrentarse a las dificultades, saber lo que quieren y lo que les gusta”.
Asimismo, la psicóloga considera importante que los padres manejen sus expectativas en relación a que sus hijos mantienen sus propias decisiones. “A esa edad todavía se pueden equivocar: en la adolescencia aún no está construida su identidad y autonomía”, sostuvo. En consecuencia, la familia puede incentivar la toma de decisiones conscientes, además de otorgar tranquilidad o apoyo psicológico en caso de que sea necesario.
“La familia debe entender que los procesos y generaciones van cambiando, con sus propias necesidades. Desde ahí, nos tenemos que actualizar. En este proceso de descubrir de qué se trata cierta carrera o universidad, nos tenemos que involucrar todos. No puede ser que solo los padres busquen información, o viceversa. Si bien el estudiante debe tener un rol activo, debemos orientar a nuestros hijos”, concluyó.
En tanto, Soto precisó que, al elegir carrera, “uno tiene la posibilidad de retractarse de esa elección. Elegir, en sí mismo, contiene la posibilidad de cambio”. Además, explicó que para los jóvenes que rinden bien en un área en específico, les cuesta menos elegir una carrera, ya que saben de antemano en qué son buenos; no obstante, la situación se vuelve más difícil cuando se cuentan con habilidades para diversos campos, “ya que en el fondo eso les impide ver en qué son mejores”.











